viernes, 1 de marzo de 2013
lunes, 7 de enero de 2013
¡Cómo echaba de menos escribir!
Un mes sin entrar, oh madre..
Se acabó un añito mas, comenzamos 2013 y ¡vivos!
2012 ha sido un tanto dificil, por muchas cosas.. pero 2013 no creo que se quede atrás. Siempre diré que 2011 fue mi año y no creo que cambie, aunque lo bueno de los años que siguen es que se madura, y aunque sea a base de golpes, se llega.
Se acabaron las vacaciones, a por este trimestre!
Un mes sin entrar, oh madre..
Se acabó un añito mas, comenzamos 2013 y ¡vivos!
2012 ha sido un tanto dificil, por muchas cosas.. pero 2013 no creo que se quede atrás. Siempre diré que 2011 fue mi año y no creo que cambie, aunque lo bueno de los años que siguen es que se madura, y aunque sea a base de golpes, se llega.
Se acabaron las vacaciones, a por este trimestre!
¡SUERTE!
sábado, 1 de diciembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
"Saber para qué vivimos no tiene mucho misterio. Vivimos para dejar recuerdos, es nuestra única misión en la vida. Recuerdos que luego inspirarán la vida de otros. Vidas que a veces llegamos incluso a engendrar, pero eso es circunstancial, porque no siempre ocurre. Al final, una persona que no deja recuerdos, es una persona que, a efectos morales y emocionales, jamás nació."
"(...) Hay instantes en los que amo a cada uno de los que tienen que ver con mi vida, incluso a aquellos cuyos deseos me resultan ajenos u hostiles. Me entran entonces ganas de coger el teléfono, llamar a unos y a otros sin excepción, y decirles: «Te quiero en tu totalidad, en todo lo que en ti no se me parece, te amo tal y como vas, vivo, viva.» Y si no lo hago, es únicamente por miedo de acabar en el hospital psiquiátrico totalmente loco y totalmente radiante."
sábado, 24 de noviembre de 2012
"No empezaré diciendo "Te lo dije", pero te lo dije. Cuando sonó el teléfono y eras tú la que estaba al otro lado ya supe por qué llamabas. No hizo falta que explicases nada, estaba claro. "Dice que ya no le gusto, que no es el momento. Me asegura que no es por mí, que es por él". Pero no, el motivo es que no le importas. Nunca lo has hecho, no te engañes. Suena duro, pero ya es hora de que despiertes, mejor, de que el mundo despierte. ¿Recuerdas aquel primer sobresaliente que sacaste en el colegio, con sudor y lágrimas, y por el cual tu madre te recompensó con una enorme bolsa de caramelos? Cuánto te costó, cuánto tiempo le dedicaste a ese maldito examen de matemáticas y qué feliz fuiste al ver el diez en el borde superior derecho de la hoja. Con tinta roja, ¡cómo olvidarlo! Pues bien, lo recuerdas y lo valoras en su totalidad porque te esforzaste, porque lo quisiste con ganas. Sabías que merecería la pena, aunque solo fuese por el premio que te esperaba al llegar a casa. Lo que ocurre es que ya no deseamos nada tanto como para sudar la camiseta por ello. Nos hemos vuelto conformistas, y tú querida amiga, también.
Los hombres, por algún motivo y en algún momento de la historia inidentificable, determinaron que las mujeres éramos una especie de objetos sin valor capaces de dejarse conquistar sin tan siquiera un mínimo esfuerzo. El problema va un poco más allá ya que hemos sido nosotras las que lo hemos permitido. Prometo que hubo un tiempo,-y no hace tanto como creemos-, en el que un hombre te invitaba a un café simplemente para escucharte, conocerte. Te miraba, no, miento, te admiraba. Abrirte la puerta y encenderte un cigarro era más que suficiente. Se dejaba enamorar por todo lo que decías, y cuando le preguntaban "¿Cómo es ella?" le faltaba tiempo para describirte. Ahora raro es el que utiliza más de tres adjetivos (empleando siempre el "está buena", como si hablasen de la carne asada que prepara su abuela). Pero claro, nos lo hemos ganado a pulso, lo tenemos merecido por desvalorizarnos dándole más importancia a llevar la falda corta que a nuestra propia dignidad.
Lo que me resulta más paradójico es que las mujeres contemporáneas se rebelaron a las sumisas del pasado con el deseo de cambiar el mundo. Lucharon por el voto, el acceso a la universidad y el reconocimiento en nuestro trabajo. La cuestión es que hemos querido ser tan iguales que se nos ha olvidado que no lo somos. Hemos matado a nuestra feminidad, cualidad distintiva e inquebrantable, y hemos pecado de cobardes. Una vez más nos ha faltado carácter. Lo justificaremos diciendo que no hay nada que podamos hacer, que somos hijas de nuestro tiempo, pero si ese es el argumento que vais a utilizar, yo me independizo."
Los hombres, por algún motivo y en algún momento de la historia inidentificable, determinaron que las mujeres éramos una especie de objetos sin valor capaces de dejarse conquistar sin tan siquiera un mínimo esfuerzo. El problema va un poco más allá ya que hemos sido nosotras las que lo hemos permitido. Prometo que hubo un tiempo,-y no hace tanto como creemos-, en el que un hombre te invitaba a un café simplemente para escucharte, conocerte. Te miraba, no, miento, te admiraba. Abrirte la puerta y encenderte un cigarro era más que suficiente. Se dejaba enamorar por todo lo que decías, y cuando le preguntaban "¿Cómo es ella?" le faltaba tiempo para describirte. Ahora raro es el que utiliza más de tres adjetivos (empleando siempre el "está buena", como si hablasen de la carne asada que prepara su abuela). Pero claro, nos lo hemos ganado a pulso, lo tenemos merecido por desvalorizarnos dándole más importancia a llevar la falda corta que a nuestra propia dignidad.
Lo que me resulta más paradójico es que las mujeres contemporáneas se rebelaron a las sumisas del pasado con el deseo de cambiar el mundo. Lucharon por el voto, el acceso a la universidad y el reconocimiento en nuestro trabajo. La cuestión es que hemos querido ser tan iguales que se nos ha olvidado que no lo somos. Hemos matado a nuestra feminidad, cualidad distintiva e inquebrantable, y hemos pecado de cobardes. Una vez más nos ha faltado carácter. Lo justificaremos diciendo que no hay nada que podamos hacer, que somos hijas de nuestro tiempo, pero si ese es el argumento que vais a utilizar, yo me independizo."
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J.D. Salinger
Tiene gracia. No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo

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